3 dic. 2018

Die Zauberflöte en Les Arts: Alto nivel musical y fallido en cuanto a la escenografía.






El pasado 1 de diciembre de 2018 pudimos asistir al estreno de la Flauta Mágica en Palau de les Arts Reina Sofía con un nueva coproducción de Les Arts con el Festival de Macerata a cargo de un viejo veterano de la dirección de escena, el inglés Graham Vick y contando con la dirección de un experimentado director musical, acreditado en plazas como la Bayerische Staatsoper y el Met, como es el alemán Lothar Koenigs.

Poco voy a decir que ya no se sepa, por el revuelo que ha generado y publicado en prensa, respecto de los abucheos que recibió Graham Vick al final de la representación por una parte muy importante de los asistentes al estreno, pero sí creo necesario profundizar en las razones de dicho abucheo y por supuesto distinguirlo de una dirección musical, que en todo momento fue atenta con la partitura mozartiana así como unos cantantes que se entregaron totalmente durante la función y que brillaron en la misma.

Aquellos que pudisteis asistir a la Conferencia de AOA sobre Die Zauberflöte, sabréis que esta obra no es un simple cuento de hadas, como inicialmente puede parecer, sino una obra complejísima, fruto de la amistad entre Mozart y Schikaneder y con la influencia ineludible de Ignaz von Born, gran maestre de la logia Zur wahren Eintracht ("Concordia Verdadera") en el que como si de una máscara se tratara, sus autores, todos masones, intentan lavar la imagen de la Masonería en un momento en que estaba a punto de ser prohibida en Austria por Leopold II.

Por tanto, todo aquello que aparece en Die Zauberflöte, tiene un significado muy especial: Los tres acordes iniciales de la obertura, la tonalidad del mi bemol, las tres damas, los tres Knaben, el rito de iniciación, los cuatro elementos (tierra, agua, fuego y aire) etc.

Pues bien, ese significado profundo que constituye la génesis de quizás la ópera más genial de Mozart, no se ve reflejado en la producción de Graham Vick, por mucho que quiera hacernos ver en su producción, que la logia masónica corresponde hoy en día a las clases más poderosas (habría que decirle que Mozart y Schikaneder estaban endeudados hasta las cejas cuando se compone esta ópera y eran masones) y fuera de este círculo se encuentran los excluidos socialmente.

Reconozco que soy tradicional en cuanto a las escenografías se trata, pero bajo ningún concepto me molestan aquellas que siendo fieles al libreto se ambientan en otro momento a aquél al que se refiere la propia ópera. Este verano tuve la oportunidad de ver en Bayreuth un Parsifal excelente ambientado en una comunidad cristiana en el norte de Irak y funcionaba perfectamente el espectáculo.

Pero entonces qué ha pasado con la producción de Graham Vick para que no funcione. Pues sencillamente que no acaba de ser fiel del todo al libreto. No tiene sentido que una excavadora sea la serpiente contra la que lucha el Príncipe Tamino, ni tampoco que los tres Knaben que deben viajar por el cielo guiando a Papageno y Tamino vayan en patinete eléctrico, ni que las tres puertas del Templo en el que deben constar las palabras Vernunft (razón), Weisheit (conocimiento) y Natur (naturaleza), sean el Banco Central Europeo, una tienda Apple y el Vaticano, porque en nada tienen que ver estas tres instituciones con los conceptos que rigen la Masonería y que aparecen en el libro de Jean Terrasson, Sethos publicado en 1731.

Tampoco tiene sentido que no se represente, al menos de forma clara, el rito de iniciación Zinnendorf a las que se someten Tamino y Papageno y al que se une Pamina, con las pruebas del agua y del fuego en la escena 33 de la ópera, que corresponde con el grado 33 de las logias masónicas escocesas Rosacruz.

Y dónde estaban los dos caballeros armados que deben cantar su aria sacada del coral luterano de 1521, Ach Gott von Himmel sieh darein. Sí estaban, perdón, al fondo vestidos de operarios de la construcción.

Si a lo anterior unimos la intervención de actores no profesionales, que es cierto que ponen muy buena voluntad, y que se mueven por toda la sala de Les Arts, pues la confusión para el espectador está garantizada. Ya es bastante complicada Die Zauberflöte para que la compliquen más.
Si además se hace una cosa para mí absolutamente prohibida en la ópera como es alterar el texto hablado de este Singspiel traduciéndolo de forma libre al castellano e incluso introduciendo "morcillas", entonces se traspasa la línea roja que no se puede admitir a ningún director de escena por mucho que sea el gran Graham Vick.

Tampoco entiendo que se tengan que cambiar las fieras que amansa Tamino con su flauta en su aria Wie strark ist nich dein Zauberton por personas. Sinceramente no es lo que querían Schikaneder y Mozart expresar con su libreto.

Hubo algún detalle que sí encuentro acertado, como cuando Tamino canta su aria del acto I, Dies Bildnis ist bezaubern schön y se proyectan los ojos de Pamina en un mural enorme formado por pequeños cuadros, o cuando el coro masculino canta en el nº 18 de la ópera el coro O Isis und Osiris welche Wonne, y como si de espejo se tratara, está el coro femenino duplicándolo pero sin cantar. Aquí sí que tiene sentido la simbología masónica y la exclusión de las mujeres de las logias masónicas en el siglo XVIII.

Y finalmente, creo que se pierde todo el sentido solemne y de hermandad que se busca en la obra. Al final, en ese coro maravilloso que es un resumen de la obra Heil sei euch Geweihten: Gloria a vosotros iniciados, parecía como si de un musical de Broadway se tratara, cuando en la obra debe buscarse los ideales de amor fraternal y universal, basado en la sabiduría y en el esfuerzo personal, y estos valores no se vieron en la producción de Graham Vick, donde lo único que aparecía era la confrontación de la lucha de clases sociales.

En cuanto al vestuario sin duda los más conseguidos fueron Sarastro, que vestido de traje riguroso sí que transmitía la solemnidad del papel, y la Reina de la Noche, que estaba especialmente atractiva.

Pero sería injusto decir que la función fue fallida, porque no es así, pese a la dificultad de remontar todo lo anteriormente dicho.

Musicalmente la representación contó con una dirección musical atentísima a la partitura mozartiana por parte de Lothar Koenigs. Hubo momentos en los que sonaba la orquesta como si de música de cámara se tratara. Habría que destacar en este sentido la sección de cuerdas, que estuvo excelente en la obertura, en el famoso tema plagiado por Mozart de Muzio Clementi, la sección de viento, y en especial los clarinetes y muy en concreto los trombones y las trompas que tienen un papel esencial en esta obra con las tres llamadas a la iniciación, y por supuesto la flauta, tocada maravillosamente por la solista de flauta Magdalena Martínez, y el glockenspiel.

Y en cuanto a los cantantes destacaría especialmente a Dmitry Korchak como Tamino, con un tono de tenor lírico cristalino y de proyección muy potente, que se mantuvo durante toda la representación. Sus arias del Acto I, Dies Bildnis ist bezaubern schön y Wie stark ist nicht dein Zauberton estuvieron magníficamente cantadas, demostrando tener una magnífica línea de canto mozartiano.

La Pamina de Mariangela Sicilia fue bellísima, como se pudo apreciar desde el dúo del Acto I con Papageno Bei Männern, welche Liebe fühlen, siguiendo con el de Sarastro Herr, ich bin zwar Verbrecherin, y muy en especial con su gran aria del Acto II- Cuadro IV, Ach, ich fühl´s es ist verschwunden, donde logró unos pianísimos realmente bellos y absolutamente de escuela mozartiana.
Pero no a la zaga se le fueron el resto de protagonistas de la noche. El Papageno de Mark Stone fue sorprendente, con una voz de barítono potente, muy inglesa, que pudimos apreciar desde su primera aria de entrada Der Vogelfänger bin ich ja, y por supuesto con su famosísimo Ein Mädchen oder Weibchen wünscht Papageno sich del Acto II- Cuadro VI, con una vis cómica sorprendente, pese las dificultades de la puesta en escena antes dichas.

En cuanto a la Reina de la Noche, la soprano de coloratura Tetiana Zhuravel estuvo espléndida, tanto en los musical como en su interpretación de sus dos arias absolutamente endiabladas: Oh zittre nicht, mein lieber Sohn! del Acto I- Cuadro I y conocidísima Der Hölle Rache kocht in meinem Herzen, llegando en ambas al Fa5 que pide Mozart en la partitura y dándolos con absoluta claridad. No es una voz amplia la de Tetiana Zhuravel, pero es que tampoco lo requiere el personaje, y cumple con lo que pide Mozart al escribirla para una soprano acuto sfogato (el aria la compone para su cuñada Josepha Hofer embarazada de varios meses).

Y en cuanto a Sarastro, el bajo Wilhelm Schwinghammer, que viene de cantar el papel en la Opera de Berlín, transmitió la solemnidad y serenidad que demanda el personaje, pese a hacerle hablar en castellano en diversas ocasiones. Habría que destacar su intervención tanto el Aria O Isis und Osiris del Acto II- Cuadro I, pero sobre todo su gran aria In diesen heiligen Hallen en el que además de tener una dicción perfecta, bajó al Fa1 sin ningún tipo de problemas.

Tanto Monostatos cantado por Moisés Marín en su Aria Alles fühlt der Liebe Freuden, como Papagena en su dúo final con Papageno Pa-Pa-Pa-Papagena! (con problemas de quitarse la chaqueta que resolvió con mucha profesionalidad) cierran un elenco francamente bueno. El Coro masculino de la Generalitat cantó estupendamente el ya mencionado O, Isis und Osiris welche Wonne del Acto II- Cuadro V.

En definitiva, versión muy controvertida en cuanto a la puesta en escena, pero que musicalmente tuvo un alto nivel que merece la pena sin duda escuchar, además como me decía un buen amigo mío al final de la representación, lo preocupante habría sido que no se hubiera abucheado la producción. Pero aquí está la grandeza de la ópera, que como en el presente caso ha desatado pasiones, tal cual pasaba en el siglo XIX, y eso no está mal, ya que demuestra que la ópera está viva y que todo el mundo tiene derecho a opinar si le gusta o no un espectáculo controvertido como el presente, y aplaudirlo o reprobarlo en su caso.

Pablo Font de Mora Sainz