8 dic. 2014

PREPARANDO "MANON LESCAUT"

Producción de Manon Lescaut que podrá verse en Les Arts

En la Italia de los años ochenta del siglo XIX, en el que Giuseppe Verdi (al que aún le quedaba por dar a luz su Falstaff) seguía siendo aún el indiscutible amo del panorama lírico y al que de momento nadie conseguía desbancar, comenzaba a abrirse camino con dificultad el que estaba destinado a ser su sucesor en el trono operístico, el joven Giacomo Puccini (Lucca 1858 - Bruselas 1924).


Puccini
En la faceta personal, Puccini comenzaba allá por 1884, cuando contaba 27 años de edad, una relación con una mujer casada, Elvira Bonturi, la esposa del farmacéutico de su pequeña localidad natal, Lucca, con la que tendría un hijo y la que sería al fin y a la postre su mujer.


En el plano profesional, tras haber estudiado en Milán y haber recalado allí profesionalmente, ya había compuesto y estrenado dos óperas, Le Villi (1884) y Edgar (1889), ninguna de las cuales había acabado de lanzar al compositor a la fama. Será con su tercera ópera, Manon Lescaut, cuando Puccini consiga crear el primer trabajo de verdadero peso dentro de lo que sería su brillante catálogo y la primera ópera que se convertirá en obra de repertorio.


GÉNESIS DE LA OBRA
La ópera se basa en la novela Histoire du chevalier Des Grieux et de Manon Lescaut publicada en 1731 por el abate Prèvost. Se trata de la historia de un joven, René Des Grieux, que pierde la cabeza por una encantadora jovencita, Manon Lescaut, mujer que constituye en sí misma un auténtico manual de seducción femenina y cuyas andanzas y tribulaciones erótico-amorosas acaban por resultar mortales de necesidad para la pareja.

Antoine F. Prevost
Antoine François Prèvost (1797-1763) fue un eclesiástico benedictino francés de inquieta biografía no exenta de relaciones amorosas, que trabajó la traducción y la historiografía, y autor también del libro titulado Memorias y aventuras de un hombre de calidad, una colección de relatos, el último de los cuales recoge la historia de los apasionados amantes Des Grieux y Manon Lescaut, y que está posiblemente inspirada en parte en una aventura real del escritor. La obra, como era de esperar, fue recibida con gran escándalo lo que no impidió su gran difusión ya que la obra gozó nada menos que de veinticinco ediciones en vida del autor.

El de Lucca no era el primer músico que se fijaba en Manon para componer una ópera. La obra ya había sido musicada a mediados del s. XIX, aunque sin mucho éxito, por el compositor francés Daniel Auber. Pero cuando Puccini se fijó en la obra de Prévost era perfectamente consciente de que se enfrentaba al grandísimo éxito que cosechaba la Manon del gran operista francés Jules Massenet, estrenada en 1884. Pero él, que creía en sus posibilidades, decía que la Manon de Massenet era un personaje, en cierto modo, de peluca dieciochesca y que, en cambio, él sabría hacer una más de carne y hueso. Decía también: “¿una mujer como Manon, por qué no va a tener varios amantes?” Y añadía: “porque si Massenet la siente como un francés, empolvada y con minués, yo la siento como un italiano, con pasión desesperada”.

El célebre editor milanés Giulio Ricordi, quien al principio recelaba, pero que creía firmemente en las posibilidades de Puccini, a quien había amparado bajo su paraguas, acabó viendo con buenos ojos la idea y organizó el proyecto. En 1889 Puccini ya trabajaba en la ópera. El libreto lo comenzaron a componer dos escritores de la casa, Marco Praga y Domenico Oliva, con quienes Puccini, siempre propenso a colaborar en la confección de los textos, entró pronto en conflicto. Poco después se sumaron a la tarea Giuseppe Giacosa y Luigi Illica, quienes colaboraron más tarde en otras tres obras de Puccini (Bohéme, Tosca, Butterfly). Si a esto sumamos que el propio editor también puso su granito de arena literario, tenemos que el libreto de Manon Lescaut está escrito en realidad por seis personas (Praga, Oliva, Giacosa, Illica, Ricordi y el propio Puccini). Y hay quien cree que también el compositor Ruggero Leoncavallo aportó algo, con lo que los creadores podrían ser siete; lo que hizo que finalmente, a la hora de presentar la ópera, se optara por no mencionar a ninguno de ellos, cosa que aún hoy se suele hacer.

En cuanto a la música, Puccini añadió a su poderoso caudal melódico original algunos temas rescatados de obras de juventud como el aria Mentia l´avviso, que, rehecha, será el aria del tenor Donna non vidi mai del acto I, o el cuarteto Crisantemi, que aparecerá en el interludio orquestal, o un Agnus Dei a cuatro voces que será aquí el madrigal del acto II.

EL ESTRENO DE MANON LESCAUT
La obra se estrenó con gran éxito en el Teatro Reggio de Turín, el 1 de febrero de 1893, con el concurso de la soprano Cesina Ferrari y el tenor Giuseppe Cremonini en los roles principales. “Salgo ahora del teatro atestado de público elegante, lleno de un caluroso entusiasmo, con los ecos de los aplausos dispensados a Manon Lescaut, que ha obtenido un éxito triunfal”, decía Alfredo Colombani. Otro crítico, Eduardo Augusto Berta decía: “Puccini se revela como uno de los mejores jóvenes compositores de óperas de Italia, si no el mejor”.

Puccini
Ese mismo año la obra se presentó en Madrid (con Hericlea Darclée y el propio Cremonini), en San Petersburgo y en Londres; en Lisboa y Praga se pudo escuchar al año siguiente. A Francia, que se aferraba a la Manon de Massenet, no llegó hasta bien entrada la primera década del s. XX (Niza, 1909).

Puccini, fiel a su proverbial perfeccionismo, modificó, para sucesivas producciones, hasta en seis ocasiones y durante 30 años algunos aspectos de la obra, especialmente el final del acto I dejándose aconsejar en los aspectos orquestales por el gran director Arturo Toscanini.

El éxito de Manon Lescaut fue también económico y Puccini aprovechó las ganancias para adquirir su famosa villa de Torre del Lago, la que sería su casa y refugio durante toda su vida.

LA ACCIÓN
La ópera está ambientada a principios del s. XVIII, está dividida en cuatro actos y tiene una gran movilidad.

ACTO I
En el patio de una posada de Amiens se espera la llegada de la diligencia. Cuando llega por fin el carruaje baja de él una joven y bella desconocida de la que Des Grieux queda inmediatamente prendado. El caballero se acerca y consigue que la joven le revele su nombre: se llama Manon Lescaut, nombre que repite obsesivamente en un aria cuando queda solo.

El chico indaga sobre ella y se entera de que Manon, en principio destinada a entrar en un convento, en realidad ha sido ofrecida a última hora por su hermano Lescaut, su hermano y acompañante, a un viejo y rico recaudador de impuestos de París llamado Geronte, que aparece por la posada. Irritado, Des Grieux consigue volver a hablar con Manon, le declara su amor incondicional y le ofrece que se fuguen juntos en el coche que el propio Geronte tiene preparado para llevársela. A Manon se le ilumina la cara ante la idea de huir de su triste destino y la joven pareja se monta en el carruaje.

Al enterarse de la fuga Geronte se siente burlado. Pero Lescaut, que conoce los gustos caros de su hermanita, anima a Geronte y le vaticina que tendrá su oportunidad porque Manon no durará mucho en manos de un hombre sin excesivos recursos como Des Grieux.

En este primer acto hay dos partes bien diferenciadas: la primera es costumbrista y de carácter alegre y desenfadado. La segunda comienza con la aparición de la encantadora Manon, a quien se dirigen inevitablemente todas las miradas y que inunda desde el primer momento la escena con su charme.

ACTO II
La predicción de Lescaut se ha cumplido y encontramos a Manon instalada en la lujosa residencia parisina de Geronte. Como mantenida del viejo goza de una privilegiada posición económica y disfruta a su antojo de trajes y joyas. Pero se aburre tremendamente porque echa de menos a Des Grieux. Manon habla con su hermano que la ve descontenta y hastiada; así que éste decide que va a traerle a Des Grieux. Geronte aparece con un grupo de amigos ante quienes alardea de su nueva vida con Manon.

Ella queda sola y en ese momento llega Des Grieux. Los amantes se reencuentran en un apasionado duo y se olvidan de todo a su alrededor. Pero Geronte vuelve de improviso y los pilla in fraganti. Entonces Manon se burla de él mostrándole en un espejo su aspecto decrépito. Geronte se va educadamente pero promete volver.

Grabado de M.Leloir
De Grieux se pone nervioso y apremia a Manon a huir. Ella se prepara pero es incapaz de renunciar a las joyas y antes de partir pierde tiempo reuniendo todas las que puede. De modo que da tiempo a que vuelva Geronte, que ha rodeado la casa de policías que vienen a detener a Manon. Él la ha denunciado por prostitución. Des Grieux va a intervenir defendiendo a Manon pero Lescaut le dice que si no lo detienen a él le será más fácil salvarla a ella.

Este acto también tiene dos partes: la primera, de ese aroma empolvado y francés de que hablaba Puccini, donde reside el aburrimiento de Manon, y una segunda parte pasional y anticipadora de la tragedia desde que los amantes vuelven a encontrarse.

La orquesta interpreta ahora una de las páginas más célebres de Manon Lescaut: el intermedio en el que el tema del destino, representado por una melodía intensísima y carnosa, se adueña por completo de la obra y nos anuncia sin reservas un trágico desenlace. Hay quien, como Elvio Giudici, lo ve como un homenaje a Massenet, con su intermedio de Thais aunque también, por esa fuerza enorme que emana de las cuerdas, podría recordar al de Cavalleria Rusticana. Aquí podemos escucharlo en interpretación de la Filarmónica de Viena dirigida por Herbert von Karajan:


ACTO III
Es de noche y nos encontramos en el puerto de Le Havre, desde donde las jóvenes presas condenadas por prostitución esperan, recluidas en una celda que da a la vía pública, para ser deportadas a las colonias francesas en Luisiana. Entre ellas, Manon. Aparecen Lescaut y Des Grieux, que se encuentra visiblemente nervioso. Lo demuestran sus palabras: ansia, eterna, cruel. Lescaut cuenta al caballero que tiene sobornados a los soldados del cambio de guardia para que hagan la vista gorda y todos puedan huir.

Manon asoma por la ventana de la celda y Des Grieux se puede acercar a ella para explicarle la inminente fuga. En la conversación se agrupan nerviosas palabras de amor. Manon sabe ahora que su caballero no la ha abandonado. Pero se oye un disparo de alerta que hace ve que el plan de huida se ha descubierto y un gentío acude para agolparse ante la prisión.

Grabado de M.Leloir
Salen las chicas. Unas miran a la gente con descaro y otras en cambio se tapan la cara por vergüenza. Los ciudadanos de Le Havre las observan compadecidos. El capitán del barco comienza el recuento. Manon es la tercera de la lista y logra acercarse hasta Des Grieux, siempre bajo vigilancia de un sargento. Tras el abrazo a Manon se le ordena subir al barco. Des Grieux, que comprende que ya nada puede hacer por rescatar a Manon, llora amargamente delante de todos pidiendo que al menos se le deje también subir a él. El pueblo que observa la escena se conmueve y se pone de parte del caballero. El capitán accede y Des Grieux embarca con Manon rumbo a América.

Este tercer acto recuerda mucho, por su estructura, al tercer acto de La bohème, con una primera parte también costumbrista enmarcando un ambiente de frialdad, y una segunda parte, dramática en su totalidad, en la que la historia se precipitará dándonos las claves argumentales que conformarán su trágico final.

ACTO IV
La acción se traslada al desierto americano de Luisiana. Manon y Des Grieux han huido. Están extenuados. Manon cae a tierra por el agotamiento y la sed. Des Grieux sale en busca de agua. Manon se siente sola, perdida y abandonada. Poco después expirará en brazos de Des Grieux.

En este último acto el dramatismo no abandona nunca la escena y el espectador se encuentra inmerso en la tensión y la compasión que genera la desesperada situación a que el amor ha conducido a la infeliz pareja.

PERSONAJES PRINCIPALES

MANON LESCAUT (soprano)
Una de las características más notables de Manon es su incapacidad para renunciar a los lujos. En el segundo acto, en el interior de sus habitaciones en casa del rico Geronte, desarrolla su faceta más mundana y superficial entre ricos atavíos, sofisticados perfumes, madrigales y minués en los salones, donde consigue embelesar sin esfuerzo a su rico mantenedor, sin embargo ella echa de menos la humilde habitación donde amaba a su pobre Des Grieux. Lo expresará en una aria llena de encanto (In quelle trine morbide) pieza perfecta desde el punto de vista estructural y una de las más celebradas de Puccini. Podemos escuchar este aria en la voz de Maria Callas en una grabación de 1957:


La joven Manon es unos de esos personajes que sufren una metamorfosis desde que aparecen en escena hasta que el drama, y con él la música, va transformando con crudeza, hasta el punto de parecer al final otro personaje radicalmente diferente de aquel que conocimos al principio. De aquella Manon del primer acto, tan coqueta, tan falsamente tímida y encantadora hasta el extremo de enamorar perdidamente a primera vista, a la mujer derrotada, desesperada y perdida en el desierto americano, hay un mundo entero por recorrer. En pocos meses se ha bebido a tragos su vida. Ejemplo de ello es su última aria, en la que la música se acerca algo al estilo de ese efímero movimiento que conocemos como verismo, en el que los personajes desarrollan las pasiones de la vida en melodías largas que tratan de plasmar, tal y como es, la cruda realidad que tratan de describir.


La Manon de Puccini es una soprano dramática que debe contar también con una faceta dulce y lírica, y por ello es inevitable el recuerdo vocal de Traviata. La camaleónica Maria Callas, capaz como nadie de dotar de dramatismo a un instrumento vocal increíblemente versátil, dibujó con su creación de esta heroína (que nunca interpretó en escena, pero que grabó en 1957) una de las más atractivas y poderosas Manon Lescaut.

RENATO DES GRIEUX (tenor)
Nada más ver a Manon bajar del carruaje el caballero se enamora perdidamente de ella; y su enamoramiento será ya absolutamente incondicional. Ejemplo de ello son las sentidas palabras que le provoca la aparición de la heroína: “jamás vi mujer semejante a ésta”, que constituyen el comienzo de una de sus arias más pasionales: “Donna non vidi mai”, la cual podemos escucharle aquí a Jussi Bjorling:

 

A partir del enamoramiento, todas sus melodías están cargadísimas de lirismo. Porque Des Grieux, horrorizado por el futuro monacal que espera a Manon, la convence de que ambos deben huir juntos. Pero la vida de la pareja, que se decide a eludir el convento para irse a vivir el amor en plenitud, se va a ver tan perjudicada por los acontecimientos y tan condicionada por el hecho de no ser Des Grieux un hombre rico, que el personaje se verá aquejado, en el transcurso de la historia, de una casi total impotencia para resolver las dificultades que se le presentan. Ello lo hace francamente vulnerable y por ello es uno de esos tipos operísticos de los que el espectador se compadece.

En su peregrinar por la obra hay un gesto que lo consagra. Y es que, en el acto que se desarrolla en el puerto, una vez intentado en vano todo lo intentable para salvar a Manon de su condena y destierro, y una vez comprobado que nada puede hacer para liberarla, él llora amargamente delante de todos los que observan la escena y ruega al capitán poder subir también él al barco que se lleva a Manon presa hacia América. Des Grieux asume de este modo el mismo destino de su amada, lo que lo ennoblece y lo destaca de modo especial entre el número de los amantes operísticos más abnegados y sinceros. Podemos ver aquí ese fragmento en la voz de Plácido Domingo:


Des Grieux es un tenor spinto o incluso dramático que debe tener gran capacidad de fiato para dibujar en el aire frases muy amplias.

LESCAUT (barítono)
Es el hermano de Manon Lescaut y es un personaje que pulula entre lo simpático y lo interesado de su conducta. Al ver que puede sacar beneficio del atractivo de su hermana cambia los planes del convento para ofrecérsela al rico recaudador Geronte, con quien él mismo planea un rapto. Pero pasa, de traficar con su hermana, a devolverle a su amante cuando la ve hastiada de la vida que lleva con el viejo. Lescaut es un barítono que no necesita de grandes recursos dramáticos por lo endeble de su figura.

GERONTE DU RAVOIR (bajo)
Geronte du Ravoir es el amante rico y viejo de Manon, un recaudador de impuestos con sede en París. Su papel podía pasar más desapercibido como uno de esos caballeros de alto poder adquisitivo que gozan de la compañía, sexual y social, de una bella jovencita deseosa de lujos, a la que agasajan y a la que lucen ante sus amigos como estandarte de su poder. Incluso en algún momento parece atisbarse en él algo de rol tragicómico heredero de los prototípicos viejos burlados de la ópera bufa. Pero va más allá y, al verse engañado por ella (que se vuelve a encontrar con su amante y que se va a llevar las joyas que él le ha comprado), la va a denunciar, lo que se convertirá en el auténtico desencadenante del drama. Geronte puede ser un barítono o, mejor, un bajo que dé contraste al Lescaut.

EDMONDO
Es un estudiante que ayuda a Des Grieux a hacerse con Manon y que aparece sólo en el primer acto. Es un papel ideal para un secundario de nivel pues posee una apreciable cantidad de buena melodía muy cantabile y ofrece contraste al papel del tenor principal.

EL CORO
Tiene en Manon Lescaut la función, clásica en la ópera, de contribuir a ambientar la historia al estilo costumbrista, tanto en el caso de la posada del acto I como en el puerto del acto III. Pero en este segundo, el del puerto, además funciona como pueblo, observador pero activo, al estilo de la tragedia griega. Tras ser consciente del drama que se está viviendo por parte de los protagonistas, toma partido por Des Grieux y contribuye con sus súplicas a que el capitán le permita subir al barco con su amada.

CARACTERÍSTICAS DE MANON LESCAUT
Puccini
Teniendo Manon Lescaut hasta seis autores para un solo libreto parece inevitable que la coherencia interna de la parte literaria flaquee. Originalmente estaba previsto que la obra tuviera un acto más, el que recrearía la vida en común de Manon y Des Grieux después de su huida, pero Puccini finalmente lo quitó, quedando sin verse en escena así el paso de Manon de manos de su querido Des Grieux al rico Geronte. También nos quedamos sin saber qué es lo que ha pasado para que de repente nos encontremos a Manon y Des Grieux vagando perdidos por el desierto americano. Pero Puccini sabía que el público conocía de sobra la historia de Manon Lescaut y prefirió centrarse en los momentos a los que podía sacar más partido dramático descuidando así la coherencia narrativa de la historia. Ésa puede ser la razón por la que los caracteres no están del todo bien dibujados, aunque también puede achacarse a la falta de experiencia dramática que puliría del todo en sus siguientes trabajos.

Sin embargo, la letra es muy rica en matices y muy eficaz a la hora de expresar lo que quería Puccini que sintiéramos sin abandonar del todo al abate Prevost. Así que, a pesar de que sus flaquezas, podemos dar el libreto por perfectamente válido. Se trata de un libreto y no de una novela.

Técnicamente las distintas escenas, dentro de cada acto, se entrelazan de manera fluida, como sucede en Wagner o en las últimas óperas de Verdi.

J.Bjorling y L.Albanese
Manon Lescaut es fundamentalmente un símbolo de la pasión juvenil. En cada uno de los cuatro actos hay un encuentro musical entre Manon y Des Grieux. Pero lo cierto es que ninguno de ellos lo es en condiciones de plenitud total. El primero, partido en dos, es el momento de conocerse, vaporoso y muy etéreo, casi ideal y presidido por la obnubilación del enamoramiento súbito, pero lógicamente incompleto porque no se conocen. El del tercer acto es muy breve, con Manon desde la ventana donde está presa y lleno de ansiedad por la lamentable situación de la protagonista. El último, el del desierto, es desesperado y con la muerte rondando. Tan solo el del segundo acto, en el momento del deseado reencuentro de los amantes en la habitación de Manon, parece tener la capacidad de poder desarrollar plenamente la pasión amorosa por medio de la música. Pero eso es porque a la pareja se le olvida que el mundo existe pero nosotros sabemos que Geronte puede aparecer en cualquier momento, como de hecho así sucede.

De modo que, como apunta Gabriele D´Amico, en la Manon Lescaut de Puccini “la aparición del amor verdadero es en realidad la apertura de un abismo”. Porque, en dicha escena del acto II, lo lógico sería que todo fuera el amor y la felicidad del reencuentro, y así parece que es, pero Puccini nos pone sobre aviso porque hay un momento en ese duo (a partir de la palabra “tentatrice”) en que la orquesta repica casi fúnebremente y entonces los acordes del tema musical representativo de Manon suenan en tonalidad menor, la tonalidad de la tristeza. Efecto clásico este,, del cambio de mayor a menor que habíamos encontrado ya en el momento de la aparición en este acto de Des Grieux, lo que supone para Manon la mayor de las alegrías pero que avisa al espectador de que algo malo se está gestando. Aquí podemos ver un fragmento de este dúo en las voces de Renata Scotto y Plácido Domingo, en una grabación de 1980:


Así que el espectador sabe desde ese instante que todo está encaminado al drama. Drama que, si estamos atentos, ya se atisba en las primeras palabras de Des Grieux en el primer acto: “L´amore! Questa tragedia ovver commedia io non conosco” donde el concepto amoroso queda desde entonces ligado a la palabra “tragedia”.

V.Zeani y R.Tucker
A pesar de que en ocasiones la historia de Manon Lescaut, por su devenir y por la fuerza que en ella adquiere el destino como motor, nos pueda parecer una historia de índole cercana a lo romántico, conviene tener siempre muy presente que nos encontramos ante una obra de la primera mitad del s. XVIII. Podríamos pensar en la carga moralizante pues es la historia de un amor ilícito a los ojos de Dios; pero la biografía de Prevost parece desmentir esa posibilidad. Lo que nos desvía hacia el lado social: la plutocracia provoca injusticia con los que tienen menos recursos; el rico Geronte, con su actitud revanchista, cumple ese papel y se convierte en uno de los personajes más repugnantes y mezquinos de la historia de la ópera. Nada hay más cínico y bajo moralmente que gozar de Manon manteniéndola y pagándole sus caros caprichos para, al verse traicionado, acabar denunciándola nada menos que por prostitución. Pero en realidad Manon hubiera podido vivir con su joven amante sin excesivos problemas. ¿Qué es lo que la pierde? ¿Cuál es su culpa? Como bien apuntaba su hermano, el amor al lujo y al dinero que, en un momento dado, momento fatal, pesa más que el amor. ¿Qué la exculpa?: la sinceridad del su sentimiento amoroso.

En Manon nos encontramos una vez más ante ese tipo de mujer, encantadora y fascinante, que busca su libertad vital y sexual con tanta espontaneidad que no se da cuenta del todo de que vive en un mundo hecho por hombres y para hombres, y además para hombres ricos. Tan solo el amor la sacará de ese mundo, pero por ello habrá de pagar un altísimo precio: el de la pobreza primero, el de la libertad después y, finalmente, el de su propia vida. Puede que la figura de esta Manon Lescaut no alcance la grandeza trágica de la Violetta de Traviata, que con su renuncia voluntaria al amor se redime casi místicamente, pero sí posee en altísimo grado el valor de la sinceridad; lo que no es poco en la actuación de una mujer que, a pesar de su indiscutible liviandad moral (su irrenunciable amor por las joyas), desea algo en principio tan sencillo como ser libre y ser feliz; situaciones ambas durante tantos siglos vedadas a la mujer.

Puccini
La instrumentación de Puccini es sin duda lograda aunque no alcance aún las cotas de sutileza de sus óperas posteriores. El tejido orquestal es muy denso, como en las obras veristas. Y Puccini da un paso más en la construcción de una escritura musical que se ha definido en ocasiones como “impresionista”, o sea basada en pequeños trazos orquestales que consiguen dibujar ambientes, caracteres y estados de ánimo. La música no está exenta de esas exquisitas esencias orientales de las que tanto gustaba Puccini y no sólo para Butterfly o Turandot.

Se discute sobre si incluir o no a Puccini dentro de la corriente operística conocida como verismo. La obra tiene varios componentes de verismo entre los que destaca sin duda el acto III, en buena parte creación de Puccini. La crudeza de contemplar a la delicada Manon entre una hilera de prostitutas insultadas con escarnio por la gente y a punto de ser deportadas a América es descrita con esmero. La observación de la escena por parte del pueblo también tiene gran sabor naturalista. Pero comparandolo con Mascagni en Cavalleria y Leoncavallo en Pagliacci, Puccini tiene doble mérito: sabe sacar aroma de música verista de una obra del s. XVIII.

A diferencia de Verdi, que apenas utilizó el leit motiv o “motivo conductor” que Wagner había desarrollado como nadie, Puccini se sirve de esta técnica con profusión y, aunque en Manon Lescaut todavía no alcanza su máximo desarrollo, el tema de Manon, el del destino y otros sonarán en múltiples ocasiones con variaciones rítmicas y armónicas dependiendo de las necesidades dramáticas. Puccini hace un uso del leit motiv muy vivo y dinámico y que se asemeja mucho a lo que hará un medio que por entonces comenzaba a desarrollarse como arte, el cine, donde la música nos servirá de anticipo y aviso de lo que va a suceder.

CONCLUSIÓN
Lucrecia Bori
Algunos consideran a Manon Lescaut ya una obra maestra aunque hay quien prefiere encuadrarla entre las obras de juventud. El caso es que la obra posee múltiples virtudes y desde el primer día ha gozado del favor del público. De todos modos en su primer medio siglo de existencia, aún siendo bastante representada y por cantantes de la talla de los tenores Enrico Caruso, Francesco Merli, Beniamino Gigli, Aureliano Pertile o las sopranos Hericlea Darclée, Lucrecia Bori, Maria Zamboni o Maria Caniglia, sin embargo no logró eclipsar a la obra homónima de Massenet, de la cual se mantuvo aún a la sombra. En París la estrenaron, en 1910, Enrico Caruso y la valenciana Lucrecia Bori (que también se presentó en el Metropolitan de Nueva York con Manon Lescaut). Es en su segunda cincuentena, coincidiendo con la asunción del rol de Des Grieux por parte de algunos tenores de gran poderío vocal y dramático como Jussi Björling, Mario Del Monaco, Franco Corelli o Plácido Domingo y de sopranos como Renata Tebaldi, Renata Scotto o Kiri Te Kanawa cuando la obra de Puccini ha conseguido al fin tanta popularidad como la de Massenet.

No lo tenía fácil Puccini cuando emprendió la arriesgada composición de su versión de Manon Lescaut. No era aún un músico reconocido ni famoso y la Manon de Massenet, que se había estrenado tan solo 9 años antes, triunfaba sin paliativos. Pero él quería una nueva Manon, arrebatadora y pasional, que diera contraste a la francesa. Y, para ambientarla, no pudo renunciar del todo a la Manon francesa, con ese ambiente de pelucas, polvos de arroz y minués, que en el caso de la Manon italiana, servirán con eficacia para conseguir un fuerte contraste con ese crudo desenlace de carácter casi verista.

Nadie conseguía todavía desbancar a Verdi. Pero el gran dramaturgo George Bernard Shaw, tras asistir a la primera representación de Manon Lescaut en la ROH de Londres en 1894, ya veía a Puccini como el heredero de Verdi. No se equivocó.

Puccini
En Manon Lescaut encontramos trazos semejantes a los que se harán inmortales en La Bohème, en Tosca o en Butterfly, como el encanto del amor vivido en la pobreza o la crudeza de la vida, que en un momento lo invierte todo. Puccini empezaba a saber delinear sus personajes con mano maestra, sobre todo los que serán su referente, sus heroínas trágicas. Y esa mano no le abandonará ya hasta el final de su carrera. Los perfiles de Mimí, Tosca y Cio Cio San alcanzarán el máximo esplendor de lo trágico. Pero todo empezó con Manon.

Manon Lescaut es el primer gran éxito de Puccini y es una obra muy de gusto del público. Primero por sus características prototípicas de gran obra melodramática y además porque aquí Puccini se revela por primera vez en su carrera como creador de una gran heroína y también como creador de gran cantidad de melodías bellísimas y arrebatadoras, esas melodías puccinianas poseedoras de esa especial languidez que le han hecho célebre y que en esta ópera son especialmente poderosas, y que por tanto calan con facilidad en el público. La obra posee además dos personajes que permiten un completo lucimiento a los dos protagonistas.

LA VERSIÓN DEL PALAU DE LES ARTS
La versión que veremos en Valencia cuenta con la soprano uruguaya María José Siri, que ha cantado recientemente Otello de Verdi en Turín y cantará Un ballo in maschera en Bolonia. Des Grieux será el tenor puertorriqueño Rafael  Dávila, un spinto que recientemene ha cantado Cavalleria y Pagliacci en Nápoles, Tosca en Leipzig y Miami y Fanciulla del West en Mineapolis. El papel de Lescaut lo interpretará el joven barítono del Centre de Perfeccionament Germán Olvera. El solvente bajo danés Stefen Milling, habitual de Valencia, donde ha cantado desde Fidelio hasta La forza pasando por el Hunding de Valquiria, es Geronte. Plácido Domingo, que conoce la obra a la perfección por ser un Des Grieux de auténtica referencia, dirigirá a la estupenda Orquestra de la Comunitat Valenciana y al fantástico Cor de la Generalitat. La dirección escénica es del británico Stephen Medcalf, quien dirigió en 2013 en Les Arts La flauta mágica, siendo esta producción del Teatro Reggio de Parma (2005), su única incursión, hasta ahora,  en Puccini.


Publicado por Íñigo de Goñi y Atticus (“Amics de l´Òpera i de les Arts de la Comunitat Valenciana”).
ennecus@yahoo.es; atticus61@gmail.com



  • Podéis consultar el libreto de Manon Lescaut AQUÍ.


  • “Manon Lescaut”, de Giacomo Puccini, se  representa en  el  Palau  de les Arts Reina Sofía de Valencia los días: 9, 12, 16, 19, 21 y 27 de diciembre. Más información sobre repartos y venta de localidades, en la web del Palau de les Arts.

  • Duración aproximada, incluyendo dos descansos, 3 horas y 30 minutos.

CRÓNICAS DE LAS FUNCIONES

La crónica de Atticus AQUÍ
La crónica de Maac AQUÍ
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