2 oct. 2016

PREPARANDO "L'ELISIR D'AMORE"


En L'elisir d'amore encontramos una romanza que nos da la clave del éxito de la obra, estamos hablando, evidentemente, de "Una furtiva lagrima", una de las arias para tenor más famosas de la historia. A partir de este aria la ópera se desmarca del rumbo tradicional de las óperas bufas para entrar en el camino de lo que se puede denominar melodrama sentimental romántico. Una romanza que no es tan triste y desgarrada como tradicionalmente se ha mostrado (recordemos ese fragmento de la película Julián Gayarre protagonizada por el que también fuera grandísimo tenor Alfredo Kraus). En la ópera este aria tiene mucho de esperanzador, Nemorino ha descubierto una lágrima en el rostro de Adina y ya tiene el primer indicio de que ella podría estar enamorada, es el despertar de la conciencia del personaje, con este aria el antihéroe que es Nemorino acepta la posibilidad del amor.



Esta romanza se introdujo en L'elisir por exigencia del propio Donizetti, el libretista, Felice Romani, mostraba muchas reticencias a hacerlo, pero finalmente la voluntad del compositor (que seguramente ya tenía escrita el aria con anterioridad para ser utilizada en alguna otra ópera) se impuso, y hay que reconocer que fue todo un acierto; de hecho, cuando la popularidad de L'elisir comenzó a decaer, se revitalizó gracias a una grabación que de Una furtiva lagrima realizó el gran tenor Enrico Caruso en 1904.


Gaetano Donizetti
Donizetti fue un compositor muy prolífico, al principio de su carrera tuvo que hacer frente a todo tipo de encargos, sin importarle honorarios o la procedencia de los mismos, también, como Verdi, Donizetti tuvo sus años de galeras. Había estrenado su primera ópera con 21 años pero no conoció el triunfo hasta 12 años después, con 30 óperas a sus espaldas, fue con Anna Bolena, estrenada en el Teatro Carcano de Milán en 1830.

L'elisir d'amore fue un encargo realizado por el empresario del Teatro della Canobbiana de Milán, Alessandro Lanari, a última hora, Lanari se había quedado sin su segunda ópera de la temporada lírica de primavera, el compositor contratado había desertado. Donizetti aceptó el reto porque acababa de sufrir un fracaso en la Scala con la ópera Ugo, conte di Parigi. Era una buena ocasión para desquitarse.

Felice Romani
Para el libreto Donizetti recurrió, una vez más, a Felice Romani, el principal libretista italiano de la época. No había mucho tiempo para completar la ópera, según el biógrafo al que atendamos podemos fijar un plazo comprendido entre 2 y 4 semanas. La tradición siempre ha dicho que Donizetti solo tuvo 15 días de plazo para tenerla terminada, pero es muy probable que Lanari le encargara la ópera con más de dos meses de antelación al estreno, que fue en mayo de 1832, puesto que el compositor se encontraba ya en Milán a principios de marzo con ocasión del estreno en la Scala de la fracasada Ugo, conte di Parigi.

Romani no fue original, adaptó un texto de Eugène Scribe que ya había sido musicado por Auber, Le philtre, en el que se daban cita personajes que se inscriben dentro de la herencia de la commedia dell'arte: la pareja de enamorados, un militar y una especie de doctor. Aunque Romani siguió con bastante fidelidad el texto de Scribe, introdujo algunas molificaciones relevantes como la introducción de elementos sentimentales que equilibran, con su penetrante melancolía, el espíritu cómico de la obra, hasta el punto que muchos de los momentos más populares de la ópera se separan completamente del modelo francés: La imploración de Nemorino: "Adina credimi", el aria de Adina: "Prendi, per mei sei libero" y el momento culminante de la ópera: "Una furtiva lagrima".

Afortunadamente en el ensayo no hubo ninguna objeción por parte de los censores milaneses, porque tuvo lugar un día antes del estreno; si hubiera habido algún problema con los censores, prácticamente no hubieran tenido tiempo para resolverlo.



El 12 de mayo tuvo lugar el estreno en la Cannobiana, el éxito de la obra fue inmediato y la obra prácticamente no ha salido nunca del repertorio habitual de los teatros, siendo L'elisir d'amore, por orden cronológico, la primera obra donizettiana que no ha necesitado recuperación, situándose al lado de Lucia di Lammermoor y Don Pasquale.


La intriga de L'elisir se desarrolla en un lugar geográfico prácticamente desconocido para los milaneses de la época, el País Vasco francés, un lugar que evocaba para ellos, de alguna manera, un mundo arcaico y pastoral.  Nemorino, un joven y pobre muchacho, bastante tímido y no muy espabilado, enamorado de la guapa y rica granjera Adina, es tan simple y crédulo que se dejará embaucar por vendedor ambulante para conseguir el amor de la muchacha gracias a una poción mágica. Nemorino tiene mucho de antihéroe y al final comprobaremos que le ocurre es que es intelectivamente incapaz de ser malvado. El personaje aparece ante el espectador tan tierno y desvalido que desde el primer momento simpatiza con él y sentirá compasión por sus calamidades.  El triángulo amoroso se completa con la presencia, como no, de un barítono, un apuesto sargento, llamado Belcore, al mando de una pequeña guarnición de soldados, quien propondrá matrimonio a Adina y desencadenará los acontecimientos, motivando que Nemorino atemorizado pase a la acción y se deje embaucar por ese charlatán llamado Dulcamara, un bajo que cuenta con la parte más cómica de la ópera.



La principal virtud de L'elisir d'amore es que dota a los personajes, siendo una ópera bufa, de naturalidad, son muy humanos, no parecen movidos por una cuerda mecánica; lo que impresionó a los oyentes y los críticos de la época de Donizetti, y que todavía sigue vigente, es la mezcla de lo divertido y lo sentimental, de lo cómico y lo lírico, tanto psicológica como musicalmente. A veces se le ha criticado que el desarrollo de la acción es previsible, pero no lo es más que el de las comedias románticas que podemos ver hoy en los cines. Así que nos encontraremos con que Adina y Nemorino terminan confesándose su amor, Belcore reconoce su derrota y asegura que a él no le van a faltar nunca chicas que le quieran, mientras que el doctor Dulcamara se dedica a contar a todo el mundo los milagros de su elixir.



La producción que se ha programado estos días en el Palau de les Arts ha sido realizada con dirección escénica de Damiano Michieletto, en coproducción con el Teatro Real de Madrid y es una de las producciones de les Arts que ha sido requerida por más teatros, no solo en el ámbito nacional sino que también en el internacional. Está ambientada en época contemporánea en una playa en la que Adina regenta un chiringuito y es una metáfora sobre el malestar de los jóvenes que buscan refugio en la droga para afrontar sus miedos y problemas.