21 nov. 2012

MARIA CALLAS. "UNA DONNA, UNA VOCE, UN MITO"


Hasta el próximo 15 de diciembre puede asistirse todavía en el Centre del Carme de Valencia (calle Museo nº 2) a la exposición “María Callas. Una Donna, una Voce, un Mito”, una muestra en la que se han reunido vestidos, joyas, fotografías y diversos objetos personales de la gran diva operística del siglo XX.

Que, 35 años después de su muerte, una exposición sobre objetos personales de un cantante de ópera pueda concitar el interés del público, es algo que ocurre con muy pocos artistas, y, desde luego, con María Callas (1923-1977) como con ningún otro.

El lugar preeminente de la exposición, en medio de una gran sala, lo ocupa el célebre vestido rojo de “Tosca”, quizás para indicar que este fue uno de los papeles emblemáticos de la cantante, quien lo interpretaría 51 veces en escena. Tosca fue uno de los primeros personajes que encarnó en Atenas, con apenas 18 años, María Callas, entonces todavía anunciada como María Kalogeropoulos. Una de estas funciones tuvo lugar en 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, y ante un auditorio compuesto mayoritariamente por soldados italianos y alemanes cuyas tropas ocupaban la capital griega. Y Tosca fue también la última ópera que cantó en escena, esto sucedió en Londres en 1965, cuando la Callas tan sólo contaba 41 años, una edad en la que lo normal es que la carrera de un cantante esté en pleno esplendor.

Este vestido rojo fue diseñado por Marcel Escoffier y pertenece a la producción de “Tosca”, con dirección escénica de Franco Zefirelli, que se representó en Londres en 1964 y en París y Nueva York en 1965. Por aquel entonces la carrera de María Callas reflejaba ya un ostensible declive vocal, sin embargo el público seguía enloqueciendo con ella en los teatros. Su fuerza escénica y el desgarrado dramatismo con el que abordaba sus papeles continuaban hechizando a la audiencia. El crítico del New York Times, a propósito de esta “Tosca” de 1965 en el Metropolitan, definió a María Callas como “la personalidad más excepcional de entre las cantantes de ópera” y añadía: “su grandeza radica en el poder ardiente y total con el que capta el más pequeño matiz dramático de un personaje”. Y, sin duda, esa fue una de sus grandes aportaciones al mundo de la ópera.

Como malsana curiosidad: una de las personalidades que acudió a esas funciones en Nueva York y que fue a los camerinos para conocer y saludar personalmente a la Callas fue Jacqueline Kennedy, quien, años más tarde, se convertiría, para desgracia y frustración de la cantante, en Jacqueline Onassis.


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A la izquierda del vestido rojo hay una sala a la que han denominado “Vestidos”, presidida por el texto de La Habanera de la “Carmen” de Bizet. En ella encontramos diversos vestidos de calle y de fiesta de la cantante, entre ellos el célebre traje de noche negro, diseño de la firma Biki de Milán, que sería el utilizado por la Callas en campañas promocionales de la casa discográfica EMI y que ha sido portada de diversas recopilaciones discográficas y libros sobre la soprano.

También podemos ver algunos diseños utilizados en representaciones operísticas, como:

El vestido de color amarillo que lució interpretando el rol de Rosina en “Il Barbiere di Siviglia”, de Rossini, en La Scala de Milán en febrero de 1956. María Callas estrenó el papel el 16 de febrero y participó en cuatro funciones más en el teatro milanés. Estas fueron las cinco únicas ocasiones en las que encarnó a Rosina en escena. Los supersticiosos podrán afianzarse en el mito del gafe del color amarillo en un escenario porque la interpretación de Callas no fue precisamente un éxito. Vocalmente se hallaba en un estado óptimo y en la cumbre de su carrera, pero las críticas pusieron de relieve la exageración y sobreactuación del personaje, llegándose incluso a decir que su construcción del mismo era “merecedora de un estudio psicoanalítico”, así como que había modificado la tonalidad del papel para ajustarlo a su tesitura natural de soprano. Sin embargo, al año siguiente se procedió a grabar en disco “Il Barbiere di Siviglia”, con Luigi Alva como Almaviva y Tito Gobbi como Fígaro, acompañados por la Orquesta Philarmonia dirigida por Alceo Galliera, y su Rosina fue entonces unánimemente alabada convirtiéndose en uno de sus personajes referenciales. Durante el resto de su carrera interpretó fragmentos de esta obra en numerosos recitales y grabaciones.


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Vestido verde  de La Traviata. Se anuncia en la exposición este vestido como utilizado en 1950 en Londres. Debe tratarse de un error, ya que María Callas debutó en escena el papel de Violetta un año más tarde, en 1951, y fue en Florencia. Además, la primera actuación de la cantante en Londres fue una “Aida” en 1953. La Callas no cantó La Traviata en Londres hasta junio de 1958, donde estaría acompañada por el tenor Cesare Valletti como Alfredo y Mario Zanasi como Germont, existiendo una grabación discográfica de esa ocasión.


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Copia de vestido utilizado en La Traviata. Aquí hay otro error. Se dice que pertenece a una representación en Lisboa en 1955, pero la Callas no cantó La Traviata en Lisboa hasta marzo de 1958. Este además es otro de esos momentos míticos de la historia de la ópera, donde María Callas coincidió en escena por primera y única vez con Alfredo Kraus en dos funciones inolvidables en el Teatro San Carlos de la capital portuguesa. Una pareja difícilmente igualable para este título de Verdi. La propia Callas declararía la lástima que sentía porque la carrera de Kraus no hubiese comenzado unos años antes y hubiesen podido coincidir más veces en un escenario. El vestido cuya copia se muestra en la exposición pertenece en concreto al Acto II de aquella producción, a la escena en el palacio de Flora, como se puede ver al comienzo de este video que, aunque con mala calidad, recoge algunos momentos de esa histórica representación.


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En una sala contigua a la de los vestidos, y en esta ocasión encabezada por el texto del aria “Je veux vivre” del “Romeo y Julieta” de Gounod, se recogen algunas reproducciones de joyas, tanto de uso privado como utilizadas en representaciones operísticas por la Callas. Todas ellas son diseño de las casas Dior o Trifari. También está en esta sala la diadema que utilizó en la película “Medea”, dirigida por Pier Paolo Pasolini en 1969. Retirada de los escenarios y en plena depresión por su decepción sentimental con Onassis, María Callas aceptó el reto de interpretar en la gran pantalla a la que había sido una de sus heroínas operísticas más celebradas, en esta versión de Pasolini de la tragedia de Eurípides. Aquí no cantaba, apenas susurra una balada a su hijo. La Callas confiaba en obtener un gran éxito como actriz e incluso en un relanzamiento de su carrera en esta nueva faceta. Pero, aunque hizo un trabajo más que notable y no llegó ni mucho menos a ser un fracaso, su labor artística no acabó de conseguir el reconocimiento que ella esperaba, constituyendo el inicio y el fin de su carrera cinematográfica.

Otra de las salas de la exposición, junto a la anterior, se denomina “Cantante” y en ella, bajo el texto del “O mio babbino caro” del “Gianni Schicchi” de Puccini, encontramos diversos documentos, fotos de familia y de juventud (donde se puede apreciar la contundente figura de la joven María), así como programas, anuncios y fotografías de diversas representaciones. De entre todo ello se puede destacar, por ejemplo:

El documento de renuncia a la nacionalidad norteamericana que llevó a cabo la cantante en 1966. María Callas, nacida en Nueva York hija de emigrantes griegos, pretendía con esta renuncia y la adopción de la nacionalidad griega, que su matrimonio con Battista Meneghini, que tuvo lugar en Italia en 1949, quedase como “no celebrado”. Para los griegos un matrimonio no es válido si no ha tenido lugar mediante el rito ortodoxo. María, que estaba ya separada de hecho de Meneghini desde 1959, confiaba con este paso en que al considerarse, al menos a efectos griegos, su matrimonio como no existente, su amante Aristóteles Onassis diese el paso, que nunca daría, de hacerla su esposa. No sólo eso, sino que dos años después el multimillonario griego se casaría con Jacqueline Kennedy.

En una de las vitrinas centrales está el programa de la temporada lírica de 1951 en el teatro de ópera de Río de Janeiro. Este documento está relacionado con el inicio de la legendaria rivalidad entre María Callas y Renata Tebaldi. Y es que ambas coincidieron en septiembre de 1951 cantando en una gira por Brasil en la que intervenían entre otros, además de las dos divas, nombres como Giuseppe Di Stefano, Tito Gobbi, Boris Christoff o Fedora Barbieri. En una actuación benéfica en la que intervenían estos cantantes, cuenta la leyenda que la Tebaldi propuso al resto de artistas que nadie bisase y todos se limitasen a interpretar una única pieza. Tebaldi eligió el “Ave Maria” del “Otello” de Verdi, pero tras los aplausos obtenidos, por su cuenta y riesgo y ante el desconcierto de sus colegas, ofreció dos propinas (La Mamma morta” y “Vissi d’arte”). El público enloqueció con ella, pero la Callas enfureció. A eso se unió que Barreto Pinto, empresario del teatro de Rio de Janeiro donde Callas cantaba aquellos días “Tosca”, decidió cancelar la presencia de María en la segunda de las funciones y sustituirla por la Tebaldi, con grave riesgo para la integridad física del señor Barreto Pinto, a quien la Callas estuvo a punto de abrirle el cráneo con un tintero de bronce si no llega a ser por la providencial intervención de su esposo Battista Meneghini, quien, no obstante, no pudo evitar que su indignada mujer le asestara al empresario un buen rodillazo en el estómago. Parece que a partir de este momento la rivalidad entre Callas y Tebaldi fue ya irreconciliable.

Fotografía del “Don Carlo” en La Scala en 1954. María Callas tenía previsto debutar como Elisabetta en 1951, teniendo contratada su participación en sendos “Don Carlo” en el teatro San Carlo de Nápoles y en la Ópera de Roma. Sin embargo, después de haber estado preparando el papel, tuvo que cancelar ambos compromisos por una inoportuna enfermedad. En abril de 1954, por fin pudo estrenar el papel de Elisabetta. Sería en La Scala junto a Mario Ortica como Don Carlo, Nicola Rossi-Lemeni como Felipe II y Ebe Stignani como la Princesa de Éboli. Fue la última ópera de la temporada milanesa 1953-1954 y la Callas sería aclamada unánimemente por su interpretación. En estos años precisamente es cuando se produce el radical cambio físico de la cantante que llegó a perder más de 30 kilos. Preguntada por la prensa por su nuevo aspecto había respondido con aquella famosa frase: “todo el peso que me sobraba se lo he dejado a mis colegas”.

Fotografías de La Vestale en La Scala en 1954. Fue esta ópera de Gaspare Spontini la que el 7 de diciembre de ese año abrió la temporada 1954-1955 en el teatro milanés. La ópera de Spontini llevaba años en el olvido, pero coincidiendo con el 180 aniversario del nacimiento del compositor italiano, se decidió recuperar su ópera más representativa, con dirección musical de Antonino Votto y una deslumbrante puesta en escena del cineasta Luchino Visconti, en lo que sería la primera colaboración entre Callas y Visconti que se repetiría luego en otras cuatro producciones: La Traviata, La Sonnambula, “Anna Bolena” e “Iphigénie en Tauride”. Además supuso el debut en La Scala de otro nombre legendario, el del tenor Franco Corelli. Esta interpretación de La Vestale es una de las más alabadas de la carrera de Callas, obteniendo otro éxito apoteósico. Es famosa la anécdota de que, al finalizar el segundo acto, el escenario se pobló de flores arrojadas por un público entusiasmado. Callas cogió una de esas flores y se acercó a uno de los palcos, entregándosela al director Arturo Toscanini que estaba allí presente, mientras el público en pie gritaba “¡Viva Toscanini!”. Afortunadamente de esta magnífica representación también queda constancia sonora.


video de ioSonoCallas

Fotografías de “Anna Bolena” en La Scala en 1957. El 14 de abril de 1957 tuvo lugar la primera de las funciones de esta deslumbrante producción de la ópera de Donizetti que contaba con Maria Callas como Anna Bolena, Giulietta Simionato como Jane Seymour, la dirección musical de Gianandrea Gavazzeni y dirección escénica de Luchino Visconti con escenografía de Nicola Benois y un vestuario, obra de Visconti y Benois, inspirado en las pinturas de Hans Holbein. Simionato declararía años después que la interpretación de la que guardaba mejor recuerdo era esta ”Anna Bolena”. En relación con esta velada, el director Sandro Sequi dijo: «Cuando se levantó el telón para el segundo acto, el público estaba ya totalmente entregado, la Callas se unió a la Simionato para el dúo en el que la Seymour admite arrepentida que es ella la rival de Anna en el trono. Los que estaban en el público aquella noche, y de modo especial los vinculados a la producción – Gavazzeni, Visconti y Benois – recuerdan aquel momento como uno de los más emocionantes que han presenciado en un teatro». Aquí podemos escuchar una grabación de aquel dúo tal y como se cantó esa noche.


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Otra sala dominada por una reproducción de la partitura de “Tosca” y el texto de “Vissi d’arte”, recoge diversos objetos personales de María Callas como: unas recetas de cocina escritas a mano por ella y otra por su mayordomo, el testamento ológrafo de la cantante, su partida de nacimiento, cartas escritas a Battista Meneghini, a Tullio Serafín y a Aristóteles Onassis (esta última traducida), o una partitura de “La Traviata” con una anotación a mano en la que se apuntan indicaciones del director de escena (“va hacia la mesa y se apoya cogiendo un puñado de camelias”). Precisamente a “La Traviata” pertenece una de las cinco grandes fotos que ocupan una de las paredes de la sala. En concreto a la producción presentada en La Scala en 1955, la llamada “Traviata del siglo”, con dirección escénica de Luchino Visconti, dirección musical de Carlo María Giulini y en la que Callas estuvo acompañada por el Alfredo que interpretó Giuseppe di Stefano, quien no tuvo precisamente una buena relación con Visconti, a quien reprochaba su excesiva preocupación por la dirección de actores. La grabación existente del audio de una de esas funciones recoge una de las mejores composiciones del papel de Violetta llevada a cabo por María Callas.


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La última de las salas, presidida por el texto de “Casta Diva” y las fotografías de dos grandes retratos al óleo de la soprano, reúne objetos decorativos y de uso propio pertenecientes a las distintas viviendas habitadas por la cantante, y ahí podemos encontrar, por ejemplo, desde una foto enmarcada dedicada por Tullio Serafín, a un camisón amarillo con bata negra de Dior o un bastón de 1853 con la efigie del bufón Rigoletto.

Posiblemente, lo más interesante de esta exposición para los melómanos, se encuentre en el audiovisual que se proyecta de forma continua en una pequeña sala, oculta tras una cortina, y donde se ofrecen casi siete horas ininterrumpidas de material videográfico de María Callas que incluye recitales, entrevistas y hasta un fragmento de la película “Medea”. Lástima que los responsables de la exposición no hayan previsto entregar al menos una hoja informativa con el detalle del contenido de los videos y los horarios de emisión de cada uno de los fragmentos.

Y es que, en general, hay que decir que la presentación y montaje de la muestra es muy pobre. Es inconcebible que, en un recinto con tantas posibilidades como el Centre del Carme y con un material potencialmente tan interesante, se haya obtenido un resultado que deja bastante que desear: numerosas fotos sin la más mínima explicación, maniquíes impropios hasta de un bazar chino de barrio, vestidos polvorientos colocados sobre trozos de tela oscura arrugada y sucia, errores en la descripción de los objetos y una absoluta falta de información. De ahí que naciera el interés por realizar esta entrada para intentar orientar un poco más al visitante que acuda a ver una exposición que, por lo demás, es muy recomendable.

El próximo sábado 24 de noviembre, a las 12 de la mañana, un grupo de personas pertenecientes a Amics de l’Òpera i de les Arts de la Comunitat Valenciana acudiremos a ver esta exposición y desde aquí invitamos a todo aquel que quiera unirse a que lo haga. No se hará una visita guiada como tal, pero podremos comentar entre todos las cuestiones que nos puedan ir surgiendo durante la misma.

  

Exposición “María Callas. Una donna, una voce, un mito”
Del 18/10 al 15/12 de 2012
Centre del Carme
c/ Museo, 2 – 46003 Valencia
Horario: De martes a domingo, de 10 a 20 horas.
Entrada gratuita